Rituales de la moralidad
Tec de Monterrey, Campus Ciudad de México

Hoteles de paso:
Rituales de la moralidad
Por Diana Vázquez *

Entre dimes y diretes

El término “hotel de paso”, no está aceptado por la Asociación Nacional Hotelera ni por la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, AC. Sin embargo, el término es comúnmente utilizado entre la sociedad mexicana, quien identifica al hotel de paso como un lugar en el que las parejas pueden ir a tener un momento de intimidad, prohibido por el resto de la gente que le rodea . Por tanto, la hotelería de paso es una opción para parejas que buscan privacidad ya que parte de su función social es servir como refugio para encuentros íntimos.

En el hotel de paso, el ritual es tan fuerte que crea sus propias reglas centradas en el misticismo del acto en complicidad y en secreto. El secreto es tan importante que ni siquiera existe un contacto directo con el personal al consumir. Esta imagen muestra que para pasar los alimentos, basta con una puerta especial en donde no se ponga en evidencia el individuo.

Los hoteles de paso pueden ser clasificados en centrales y periféricos. Generalmente, de su ubicación depende el estrato social al que están dirigidos. Así, los hoteles de paso que localizamos en colonias centrales como Tlalpan, La Merced o el centro, son utilizados por clases bajas y son más propensos al sexoservicio. Identificarlos no es difícil, pues la mayor parte de ellos no son moteles, pues no cuentan con estacionamiento directo a la habitación; son complejos verticales y se sitúan en zonas con altos índices de prostitución.

Por su parte, los ubicados en la zona periférica de la ciudad, son utilizados mayormente por clases medias y altas. Así, las salidas a las carreteras como Cuernavaca y Pachuca, son zonas en las que se ha explotado excesivamente el negocio de los hoteles de paso tipo motel, complejos horizontales que permiten desarrollar la intimidad en secreto. Curioso resulta que en los últimos años sean los hoteles periféricos los que más se han desarrollado. La demanda de los clasemedieros por estos sitios ponen al descubierto las necesidades de una sociedad doblemoralista que pese al deseo de libertad sexual, continúa encerrada en los valores cristianos de un México católico.

Las sanciones hacia estos ambiguos lugares rebasan los códigos religiosos, y han llegado a la contienda política. Múltiples han sido los intentos de represión mediante la eliminación y/o reglamentación de lugares y permisos para el establecimiento de hoteles, y aunque los actores políticos más reaccionarios interfieren cada vez menos, su presencia continúa siendo latente.

La demanda de los clasemedieros por estos sitios ponen al descubierto las necesidades de una sociedad doblemoralista que pese al deseo de libertad sexual, continúa encerrada en los valores cristianos de un México católico.

A partir del gobierno de López Obrador, muchos delegados comenzaron a ejercer la ley sobre los hoteles de paso, asegurando que los hoteleros incurren en infracciones, como cobrar por hora e influir en la prostitución. Por su parte, los líderes hoteleros nacionales niegan que en sus organizaciones tenga cabida la motelería, Durante seis décadas, la organización que rige esta industria llevaba el nombre de "Asociación de Hoteles y Moteles del DF", pero Menchelli, su presidente actual, decidió eliminar en el 2001 la nomenclatura "moteles".

“Nuestros socios son hoteles turísticos y no tenía caso un nombre que daba una apreciación diferente a la asociación. No es que el término desprestigie, pero manejamos otro tipo de gente", justifica el empresario hotelero. Los titulares de la Asociación de Hoteles del Distrito Federal, José Menchelli; de la Asociación Nacional de Hoteles y Moteles, Miguel Torruco; así como de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco), Roberto Zapata, coinciden en que sus agrupaciones nada tienen que ver con ese giro, el de la hotelería de paso.

Ulises Terrazas , asesor de la Dirección General de Servicios Urbanos del Distrito Federal se ha opuesto firmemente al cierre de este tipo de lugares. “Por un lado, representan una fuente de trabajo necesaria en la ciudad. Pero lo más importante sin duda, es que estos sitios, más allá de ser amorales son funcionales para la sociedad”, y abruptamente agrega, “aquellos que se oponen y que han luchado por eliminarlos, están respondiendo a principios partidistas… y porqué no decirlo, principios vinculados a grupos cristianos. Eso, en un estado laico no se puede permitir”.


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Responsable de la información: Ma. Elena Meneses Actualización: 2005-09-06 .