Publicación electrónica del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México ............... .......•Semana del 26 al 30 de julio de 2004



De verano en la tierra del maple
---------------------------------------------------------------------------
Juan José Galván | Jaque


Campus Ciudad de México (29 julio 2004).- De Toronto a Ottawa pasando por Niagara falls. Un grupo de 36 estudiantes de todo el Sistema Tecnológico realizamos el curso Adventures in english 2004, organizado por el Centro de Lenguas de nuestro campus en Conestoga College, ubicado en Kitchener, Canada.

A lo largo de cuatro semanas, la convivencia con alumnos de campus como Hermosillo, Monterrey, Guadalajara y Estado de México alternó con estudiantes internacionales, provenientes de África, medio oriente y países como Japón, Vietnam, China, Colombia y España.

Las clases de inglés combinaron con tópicos relacionados a la cultura canadiense y se enriquecieron con tres viajes a lo largo de la región etiquetada como main street Canada, que agrupa al 60 por ciento de la población total y 13 de sus 28 metrópolis más grandes, incluyendo las capitales política y financiera de la tierra de la hoja de maple.

Fotogalería
• Adventures in english 2004

A lo largo de un mes las clases de inglés se combinaron con viajes a lo largo de la región de Ontario. / FOTO: JUAN JOSÉ GALVÁN


Entre lo permisible y lo permitido
La noche que “la pisteada” se apareció en la residencia con un piercing que le atravesaba el labio inferior justo a la mitad, no escatimé el impacto que su decorado tendría en el resto del grupo. No menos de seis integrantes más del grupo se sumaron a las perforaciones en su cuerpo. Una vez lejos de tu hogar, de las reglas y el orden al que estamos acostumbrados, lo permisible se convierte en factible.

Nuestras noches transcurrieron entre una y otra desvelada en las residencias, conviviendo lo mismo con árabes que orientales, cuya identidad tornaba a nicknames tan entendibles como Figo o Julia. Las noches de antro, justo hasta las dos de la madrugada cuando la música para y todo mundo se regresa a sus casas. Con la salvedad que al día siguiente habría que estar puntual en clase de nueve…

Cómo olvidar a Elvis y Michael, nuestros dos cheffs que entre lunch y dinner trataron de consentirnos con sus comidas a la vez que calibrabran su sazón a nuestros paladares (y nosotros acostumbrábamos el estómago a otros horarios). O a Mike y Matt, nuestros chaperones, quienes combinaban sus exámenes de cálculo con el cuidado y atención a todos y cada uno de los integrantes de tan numeroso y heterogéneo grupo.

Lo que todos aprendimos y admiramos de Canadá, es que se trata de un país por demás pacífico, definido por su ausencia de beligerancia y que más bien tiende al bienestar interno de sus 32 millones de habitantes, todo bajo un marco de orden que se nota en la limpieza de las calles, los jardines o el respeto al peatón por encima de los automóviles. El orgullo por encima de todo, ondeando en las banderas rojiblancas de cada casa o incluso en las tazas de café de Tim Hortons.

Durante un mes explotamos nuestra condición de estudiantes, con la libertad de caminar por los pasillos del colegio, de preguntar y sobre todo, de aprender. Aprender a compartir no sólo las mejores tiendas para ir de shopping, sino a sacar fuerza para apoyar al compañero de grupo, en medio de las tragedias familiares que ocurrieron a la distancia.

Un país donde las personas con capacidades diferentes encuentran todas las facilidades en cada puerta, baño o transporte público para realizar su vida y desempeñarse en un trabajo sin discriminación alguna, donde las jornadas laborales son de ocho horas con suficiente tiempo en las tardes para dedicárselos a la familia. Donde los canadienses disfrutan sus fines de semana en los campos alrededor de la casa de la gobernadora y el primero de julio, cuando festejan el Canada day, aprovechan para reunirse aguardando el momento de los fuegos artificiales, a las 10 de la noche. El nuestro fue un mes inolvidable.

Ahora, lo que queda es el regreso a nuestras realidades. No ha sido tan fácil como encender el automóvil y ponerlo en automático. La incertidumbre, la inseguridad que nos hace presa en las calles, la marginación o las largas horas de camino desplazándote en la ciudad. No es sencillo. Y peor aún cuando das cuenta que en esencia somos unos iguales a los otros, canadienses o mexicanos, con los mismos potenciales, las mismas características que nos distinguen como humanos. Pero es el modo de pensar, de administrar los recursos, de tolerar y respetar a los otros, donde se ubican las grandes diferencias.

Sí, te vamos a extrañar Canadá, pero queda en nosotros la tarea de sacar adelante a nuestro país y a nuestros prójimos.



Las clases se impartieron en uno de los campus del Conestoga College, ubicado en Kitchener-Waterloo. / FOTO: JUAN JOSÉ GALVÁN


A 440 metros de altitud en el punto más alto de la CN Tower, el grupo pudo apreciar la ciudad de Toronto. / FOTO: JUAN JOSÉ GALVÁN


Cada viaje fue enriquecido con estudios sobre la cultura, política y economía canadiense. / FOTO: JUAN JOSÉ GALVÁN